
jueves, 12 de noviembre de 2009
domingo, 7 de junio de 2009
Me haré roca
No voy a llorar,
me haré roca,
de esas que estallan si consiguen reventarlas,
de las que parecen duras si sólo las miran,
hieren si son usadas como arma,
y sangran arena cuando son perforadas.
Buika.
me haré roca,
de esas que estallan si consiguen reventarlas,
de las que parecen duras si sólo las miran,
hieren si son usadas como arma,
y sangran arena cuando son perforadas.
Buika.
sábado, 16 de mayo de 2009
miércoles, 13 de mayo de 2009
Ficción o realidad
Nunca pedí compasión, fue lo último que dijo aquella mujer de pelo blanco y mofletes sonrojados a causa del alcohol, Francisca.
Francisca fue mi vecina durante nueves meses, teníamos una relación peculiar; ella vivía en el noveno dos pisos por debajo de mi. Pero más de una vez cuando estaba en el sofá tumbada sin hacer nada o jugando a adivinar qué tipo de coche o moto era el que pasaba en ese momento por la calle...oía pasos, era ella.
De un bote me iba a la puerta, de puntillas ( no vaya ser que se vea la sombra de mis pies por debajo de la puerta) y era entonces cuando la veía con su bata verde dar dos vueltas por mi rellano y subirse en el ascensor de nuevo.
Francisca cada dos días subía se daba sus dos vueltas y volvía a bajar.
Era especial, pero especial de verdad. No esta estúpida moda de intentar ser el más estrambótico y diferente, cuando luego todo queda en muchos/as en una capa de grasa superficial medio cibernética medio simple y sin más.
Cuando volvía de entrenar la encontraba muy repeinada, pintada en exceso y con unos taconcillos brillantes de principios de S.XX, iba con Rufo un perro feo y gruñón, uno de esos de patas cortas y cuerpo rechoncho a causa de su dieta a base de sobras. Era la hora de sacarle y de paso pasearse varias veces por delante del hogar del jubilado.
Francisca fue mi vecina durante nueves meses, teníamos una relación peculiar; ella vivía en el noveno dos pisos por debajo de mi. Pero más de una vez cuando estaba en el sofá tumbada sin hacer nada o jugando a adivinar qué tipo de coche o moto era el que pasaba en ese momento por la calle...oía pasos, era ella.
De un bote me iba a la puerta, de puntillas ( no vaya ser que se vea la sombra de mis pies por debajo de la puerta) y era entonces cuando la veía con su bata verde dar dos vueltas por mi rellano y subirse en el ascensor de nuevo.
Francisca cada dos días subía se daba sus dos vueltas y volvía a bajar.
Era especial, pero especial de verdad. No esta estúpida moda de intentar ser el más estrambótico y diferente, cuando luego todo queda en muchos/as en una capa de grasa superficial medio cibernética medio simple y sin más.
Cuando volvía de entrenar la encontraba muy repeinada, pintada en exceso y con unos taconcillos brillantes de principios de S.XX, iba con Rufo un perro feo y gruñón, uno de esos de patas cortas y cuerpo rechoncho a causa de su dieta a base de sobras. Era la hora de sacarle y de paso pasearse varias veces por delante del hogar del jubilado.
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